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Nueva Zelanda trabaja en el desarrollo de una vacuna de metano para rumiantes

Se intenta solucionar la problemática de emisión de gases de efecto invernadero en la ganadería.

 

Una vacuna de metano para bovinos que se está desarrollando en Nueva Zelanda podría ser un gran cambio para las emisiones animales a nivel mundial, según el presidente del Consorcio Pastoral de Investigación de Gases de Efecto Invernadero , el profesor Jeremy Hill.

Hill, que es el director de ciencia y tecnología de Fonterra, dice que la vacuna de metano en la que está trabajando tiene como objetivo introducir anticuerpos en la saliva de una vaca, que luego pasan al rumen del animal y se unen con los metanógenos que convierten el hidrógeno en metano, un potente gas de efecto invernadero.

“Ese sería el gran avance porque, en teoría, una vacuna podría implementarse en cualquier sistema de producción animal”, dijo Hill a los periodistas en las instalaciones de investigación y desarrollo de Fonterra, en Palmerston North, a principios de este mes.

El sistema agroalimentario mundial produce entre el 20% y 30% de las emisiones mundiales. Nueva Zelanda representa alrededor del 0,16% de las emisiones globales, la mitad de las cuales provienen del agro y una cuarta parte de los productos lácteos.

Para ayudar a Nueva Zelanda a reducir sus emisiones, el consorcio de grupos de la industria ganadera ha invertido con fondos gubernamentales equivalentes alrededor de US$ 58 millones en investigación y desarrollo de opciones de mitigación de emisiones para los ganaderos desde 2003, según su presentación a la Comisión de Cambio Climático .

La investigación sobre una vacuna de metano ha costado unos US$ 3 millones al año durante más de una década, y Fonterra contribuye con casi US$ 700.000, dice Hill.

Una vacuna de metano sería un verdadero cambio de juego, no solo para Nueva Zelanda y el sector lácteo mundial, sino también para la producción de alimentos basada en el ganado, ya que probablemente se aplicaría a múltiples especies de rumiantes como ganado vacuno, ovino y ciervos, explicó.

Una vacuna también podría usarse en diferentes tipos de sistemas agropecuarios y, a diferencia de otras posibles soluciones, no dependería de un determinado tipo de sistema de alimentación.

Hill citó el ejemplo de India, donde 70 millones de pequeños agricultores poseen unas pocas vacas cada uno. Muchas otras soluciones potenciales para mitigar los gases de efecto invernadero serían difíciles de implementar en ese entorno, pero se podría agregar fácilmente una vacuna al gran programa de vacunación existente en el país.

Sin embargo, el desarrollo de la vacuna es “muy desafiante” debido al mecanismo utilizado, admitió.

“Hemos demostrado en principio que nada nos impide hacer esto. Podemos desarrollar los anticuerpos adecuados y podemos conseguir que los animales los produzcan. Pero hacer que eso funcione para que obtengamos una gran cantidad de anticuerpos que luego pasen a la saliva, al rumen, sigue siendo el obstáculo que estamos tratando de superar. Así que es prometedor, pero de ninguna manera seguro que podamos hacerlo todavía. Sería el mayor cambio de juego si podemos hacer que funcione, pero es un gran desafío”, comentó.

Hill dice que el consorcio quiere dar a la investigación sobre la vacuna “un gran impulso” durante los próximos cinco años, utilizando los mejores recursos posibles.

Aseguró que se está trabajando mucho, con la colaboración de la industria y del gobierno para desarrollar prioridades para las tecnologías de mitigación de gases de efecto invernadero, y es “muy probable” que el desarrollo de vacunas de metano siga siendo una prioridad basada en el trabajo del consorcio que ha estado liderando.

La Comisión de Cambio Climático de Nueva Zelanda señaló en su informe final publicado el mes pasado que la financiación gubernamental que apoya la investigación y el desarrollo en el sector agropecuario finalizará en los próximos años.

El contrato del consorcio con el gobierno finaliza el próximo mes, y la inversión del gobierno en investigación y desarrollo centrada en las emisiones de metano biogénico agrícola está asegurada hasta 2025, pero no hay un plan a largo plazo más allá de esa fecha, sostiene el informe.

“Se necesita un plan claro a largo plazo que establezca dónde se debe orientar la inversión, incluidos los mecanismos para implementar ese plan”, dice la comisión.

Hill explicó que se han dedicado importantes recursos al desarrollo de vacunas para Covid-19, y aquellos grupos que no tuvieron éxito en la producción de una vacuna Covid podrían estar disponibles para otros proyectos.

“Hay mucha más capacidad que podemos aprovechar actualmente, así que ahora es el momento de atacar y aprovechar algunos de esos recursos que han estado trabajando, por ejemplo, en el desarrollo de la vacuna Covid”, afirmó.

Además de Fonterra, los accionistas del consorcio incluyen Beef and Lamb New Zealand, DairyNZ, Deer Industry NZ, AgResearch, Fertilizer Association, Landcorp y PGG Wrightson Seeds.

Los miembros asociados del consorcio incluyen el Ministerio de Industrias Primarias, el Ministerio de Innovación Empresarial y Empleo, el Instituto Nacional de Agua y Atmósfera y el Centro de Investigación de Gases de Efecto Invernadero Agrícola de Nueva Zelanda.

 

Fuente: Stuff
Autora: Tina Morrison
Foto: Progressive Livestock

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