*Datos proporcionados por el BCU*

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“En esta crisis el agro fue un sostén y lo será también en la primera etapa de la salida”

Entrevista con el economista Alfonso Capurro, gerente senior de CPA Ferrere, exclusiva para socios y suscriptores.

 

Se conocieron los datos oficiales del PIB de Uruguay en el primer trimestre de 2021. ¿Qué reflexiones hace sobre estos datos?

Obviamente no es positivo, porque hubo una caída respecto a los de un año atrás, algo que era previsible. También hubo una caída moderada, pero caída al fin, cuando comparamos el primer trimestre de 2021 con el cuarto trimestre de 2020, corregido por los factores inflacionarios. Lo que nos está sugiriendo es que la economía, que había empezado a recuperarse en la segunda mitad de 2020, después del accidente muy fuerte que tuvo en el segundo trimestre, estaría en pausa. Son datos negativos porque estamos cayendo respecto a un año atrás, cayendo respecto al cuarto trimestre de 2020, y se interrumpió el proceso de recuperación de la segunda mitad del año pasado. Pero es un dato que no sorprende, o que no nos cambia radicalmente nuestra visión de cómo venía la economía. Nos gusta comparar nuestra proyección (de CPA Ferrere) con el dato, no para sacar lustre de las proyecciones sino para entender si hay algo nuevo, fuera del radar. En este caso, nuestra proyección era de una caída del 3,2% interanual, y el dato fue 2,8%, o sea que la caída es levemente menor, pero en el sentido esperado. El dato no cambia el diagnóstico, sino que ratifica la idea de que la economía se enfrió o retrocedió levemente. Seguramente volverá a pasar en el segundo trimestre de 2021, porque las restricciones a la movilidad se agravaron, aunque posiblemente sea un dato un poco distinto, porque es posible que haya una caída desestacionalizada respecto al primer trimestre de 2021. Pero habrá un crecimiento interanual importante, porque estaremos comparando contra el segundo trimestre del año pasado, cuando la economía estaba paralizada, salvo el agro y la construcción. Recordemos que la economía estaba casi cerrada, sobre todo en mayo del año pasado. Así que, en principio, el dato general viene en línea con lo esperado, sin sorpresas, aunque es un dato negativo, y se destacan dos o tres cosas, que eran parte de lo esperado pero que no dejan de ser positivas. Por un lado, hay un par de sectores que claramente están creciendo y amortiguando la caída del resto de la economía, que son las agroindustrias y la construcción. En el caso del agro los procesos biológicos continuaron, el ganado siguió engordando, la faena siguió normal -más allá de la situación puntual de alguna planta- y ahora tenemos el empuje adicional de los precios, que son buenos. Con todo eso el sector está tirando para adelante, y es muy distinto a lo que está pasando en otros sectores como espectáculos, servicios, restaurantes u hotelería, que están en una situación muy complicada. Esto no es nuevo. Ya estaba pasando el año pasado y se preveía que continuara, pero es importante tener en cuenta que el agro y la construcción están operando como amortiguadores de la caída del resto de la economía, y son los sectores que están liderando la recuperación incipiente que vamos a ver en la segunda mitad de este año. En el caso de la construcción hay una gran influencia de la planta de celulosa de UPM, y la construcción del ferrocarril, que están generando mucha actividad en ese sector. Hay otras obras, pero son esas las que están haciendo crecer al sector con respecto al año pasado.

¿Se demuestra que tener una economía basada en el agro es una fortaleza?

Esa es una discusión de larga data y bastante polémica. La aspiración en términos de desarrollo es que una economía crezca en base al conocimiento y al capital humano, que es lo que genera más valor agregado. A veces se polariza y se intenta poner en oposición al agro versus el software, por ejemplo, como dos industrias muy distintas. Pero la realidad es mucho más compleja que eso. En las cadenas primarias también hay mucho conocimiento acumulado, hay genética animal y vegetal, inversión, muchos años de mejora, hay procesos industriales que requieren de mucha tecnología e innovación. Es una discusión de otros tiempos. Pero más allá de lo que uno quisiera para el país, está claro que en esta crisis el agro o la producción de alimentos es un sector que se vio mucho menos golpeado. Eso tiene que ver con la demanda, que continúa y no se interrumpe a nivel global, mientras sí se interrumpió la demanda de otros productos y servicios; y también del lado de la oferta, porque el proceso de producción continuó y otros sectores estaban obligados a suspender la producción, porque requería de la presencialidad de la gente. En el caso de esta crisis, que es muy particular, el agro fue un sostén, y lo será también en la primera etapa de la salida. 

¿Cómo observa la salud de la economía uruguaya en este contexto?

Hay dos cosas que nos preocupan, y en general es compartida. Una tiene que ver con la salud del mercado laboral y por otro lado con la salud fiscal, no porque sea de los únicos problemas que tiene el país, porque seguramente tiene varios, pero desde el punto de vista macro y de la sostenibilidad de este proceso, son dos temas que están pendientes de resolver. No son problemas nuevos, vienen acumulando años de deterioro, pero con esta crisis se han agravado. En el caso del mercado laboral, la economía uruguaya ya venía tropezando desde 2015. No es casual que el ciclo bueno de los precios internacionales terminara en 2014 y desde 2015 se haya ingresado en un ciclo de bajo crecimiento, porque el PIB creció muy poco de 2015 en adelante, y también en un ciclo de destrucción de empleo. Cuando uno lo mira con perspectiva seguramente eso sea producto de que Uruguay no supo leer ese shock o no supo adaptarse, no tomó medidas para amortiguarlo. En particular en materia fiscal o de precios relativos. Otros países competidores nuestros, como Australia y Nueva Zelanda, cuando el escenario internacional se puso adverso, usaron su política monetaria para amortiguar el shock y recurrir a una depreciación de su tipo de cambio real. Uruguay no lo hizo y el shock de la caída de precios se metió en la economía y muchos sectores entraron en un ciclo negativo. Eso se vio en la falta de crecimiento y en el mercado laboral. Uruguay ya venía perdiendo 50.000 puestos de trabajo entre 2015 y 2019. En el peor momento de la pandemia perdimos 100.000 puestos más, parte de esos se han ido recuperando, pero todavía estamos entre 30.000 y 35.000 puestos de trabajo menos que en los niveles prepandemia. A eso le tenemos que acumular los 50.000 que habíamos perdido antes. Estos puestos de trabajo que se perdieron por la crisis sanitaria no se van a recuperar hasta que se normalice esta situación. Hay sectores que están casi parados, como los espectáculos o el turismo receptivo. Los hoteles, por ejemplo, prácticamente no tuvieron temporada y hoy siguen sin recibir turistas del exterior. Si bien hay algo de turismo interno, no es suficiente para aguantar toda la estructura. 

 

“El agro y la construcción están operando como amortiguadores de la caída del resto de la economía”

 

¿Qué podría hacer Uruguay para empezar a recuperar el nivel de empleo?

Hay cosas macro para hacer, hay cuestiones a atender en la negociación colectiva, en la novena ronda de consejos de salarios, pero lo mejor que Uruguay puede hacer es solucionar de forma definitiva los problemas sanitarios. Es algo muy fácil de decir y muy difícil de hacer. Pero, en definitiva, ese equilibrio del mercado laboral hasta que Uruguay solucione los problemas sanitarios y hasta que los vecinos lo solucionen, porque en buena parte el turismo proviene de Argentina y en menor medida de Brasil. En la medida que la situación sanitaria de los vecinos siga complicada, no somos muy optimistas en el corto plazo, parece difícil que el empleo se recupere rápidamente. Es cierto que hay sectores que están creando empleo. No lo vemos bien aún en los datos, pero en la construcción, por ejemplo, los datos de cotizantes en el BPS muestran que el sector viene creando empleo y eso es razonable. El crecimiento de ese sector no alcanza para compensar todo el empleo que se perdió en otros como los servicios o el turismo, que son muy intensivos en mano de obra.

¿Y el capítulo fiscal?

En la medida que la economía se estancó, desde el año 2015, los recursos fueron menos y los gastos siguieron, por inercia, el déficit fiscal empezó a empeorar. La última administración del doctor Tabaré Vázquez tomó medidas fiscales distintas en las sucesivas rendiciones de cuenta y en el presupuesto, aumentando impuestos como el IRPF, y se cambiaron algunos criterios del Impuesto a la Renta que hizo aumentar las cargas de este impuesto, pero eso no fue suficiente para contener su deterioro fiscal. Por eso Uruguay viene empeorando su perfil crediticio en los últimos cinco años, y la pandemia nos llevó a un nivel más extremo, porque el déficit y la deuda aumentaron, y Uruguay tiene en riesgo su calificación crediticia. Es algo que está pasando a nivel global. Una de las grandes consecuencias de esta crisis es que el mundo va a salir sobreendeudado. Los déficit fiscales del año pasado y este año llegaron a valores que no se veían desde la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos, por ejemplo, está teniendo un déficit del orden de 15% del PIB. Muchos países de la región tuvieron déficit fiscal del orden de 10% del PIB, y registraron aumentos muy importantes en sus niveles de deuda. La deuda pública de Estados Unidos el año que viene va a ser la más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Los parámetros con los que el mundo medía la salud fiscal han cambiado, porque se corrieron los puntos de referencia. De todos modos, Uruguay tiene un desafío fiscal importante por delante, porque todo este déficit que estamos asumiendo desde el año pasado y este, para amortiguar los efectos de la pandemia, es deuda, y la deuda hay que pagarla. Uruguay tiene que recomponer sus finanzas públicas, y tiene que ingresar en una trayectoria de sostenibilidad. Eso es lo que está por detrás del debate que hay en distintos ámbitos políticos y sociales de Uruguay, sobre si se puede o no gastar más para amortiguar la pandemia, y ayudar a los sectores que están más complicados. Todos desearíamos que se ayudara más a los sectores que están más complicados, pero hay una restricción fiscal, que limita el margen de maniobra para tomar medidas en ese ámbito.

“El mundo está empezando a crecer un poco antes de lo esperado pospandemia”

 

¿Qué efecto podría tener en la economía y el dólar un eventual aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED)?

Es un tema que preocupa y lo venimos siguiendo muy de cerca. Preocupa porque cambia el equilibrio que tenemos hoy. Pero no tenemos que perder de vista al menos dos cosas. Una es que todos sabíamos que la situación monetaria de Estados Unidos era extraordinaria y las tasas en cero era un equilibrio que sabíamos que no iba a durar para siempre, porque se tomaron como una medida de emergencia para amortiguar la crisis, y cuando la crisis terminara estas medidas de emergencia se tenían que revertir. Entonces, esta situación que se está dando en Estados Unidos no es inesperada ni extraña, tal vez lo novedoso es que llega un poco antes de lo pensado. Y en ese sentido, me parece importante tener en cuenta que Estados Unidos está discutiendo una suba de tasas porque la economía se está recuperando antes de lo esperado. En el fondo hay una noticia positiva, y es que el mundo está empezando a crecer un poco antes de lo esperado pospandemia. Esto tiene distintos momentos y distintos protagonistas. El año pasado la crisis pegó duro, primero a China y luego a Occidente, con un trimestre de rezago. China se puso de pie muy rápidamente y en setiembre del año pasado ya estaba en un proceso de crecimiento; fue el primer protagonista del repunte mundial. Pero el segundo gran protagonista es Estados Unidos, que a partir del giro político que se implementó este año, y de las medidas fiscales que aplicó la administración Biden para impulsar el crecimiento, el mercado cambió radicalmente las expectativas, y se espera que este año haya un crecimiento bastante más fuerte del que se esperaba hace seis o siete meses en Estados Unidos. No hay que perder de vista que China y Estados Unidos hoy representan casi el 50% del PIB mundial. Estados Unidos está en proceso de discutir la suba de tasas de interés porque la economía está creciendo y las perspectivas de crecimiento son más sólidas, y esa también es una de las cosas que explica los precios muy tonificados de los commodities. En CPA Ferrere venimos siguiendo sistemáticamente las novedades de actividad y de precios, y estos precios tan tonificados tiene su explicación particular en cada producto, pero casi todos los precios están subiendo a nivel global. Suben los alimentos, los energéticos, los metales, el cobre está en máximos históricos. Todo eso tiene por detrás un fenómeno de expectativas de crecimiento y de demanda, que en definitiva es una buena noticia. Pero cuando eso sucede, la inflación puede empezar a subir, de hecho lo estamos viendo en los commodities, y si eso sucede Estados Unidos tiene que discutir cómo normaliza su política monetaria. No hay que tenerle pánico a las subas de las tasas de interés en Estados Unidos. Es algo que el mercado espera y puede ocurrir, hay que tenerle más miedo a los procesos violentos. Es necesario que Estados Unidos suba las tasas de interés, pero sería una mala noticia para nuestro escenario, para el dólar y los precios de los commodities, que uno de estos días nos levantemos con un dato de inflación muy preocupante en Estados Unidos, que la FED tenga que anticiparse y subir inesperadamente las tasas, de forma violenta, como de repente está haciendo el Banco Central de Brasil. Hoy la FED está empezando a masajear el mercado, para anticipar. Va a dejar de comprar bonos este año, que es el primer paso, y eventualmente a discutir una suba de tasas para el año que viene o para el 2023. Si ese proceso es moderado, se va llevando de a poco, no debería de ser un problema para la estabilidad global y la recuperación. 

¿Cómo ve las perspectivas de inversión en Uruguay?

Los datos muestran, ya desde el año pasado, que la tasa de inversión de la economía uruguaya empezó a subir, y esa es una buena noticia. El último ciclo bueno de inversión fue de 2005 a 2014, terminó con el fin del escenario de precios favorables. Del año 2015 en adelante la tasa de inversión de la economía uruguaya empezó a caer, después de haber alcanzado valores récord en 2012 y 2013; y el año pasado volvió a subir. Este proceso de aumento de la inversión es una buena noticia, pero también está muy atado al megaproyecto de la planta de celulosa de UPM. En la medida que esa inversión se termine, Uruguay necesita tener otros proyectos que lo suplanten. En ese sentido, seguramente el ciclo favorable de precios internacionales es una buena noticia, porque va a ayudar que tanto los empresarios nacionales como los eventuales inversores que lleguen, tomen decisiones de inversión, tomen cierto riesgo. Seguramente hay muchos productores ganaderos que están evaluando otros esquemas de producción, con más inversión, más pasturas, sistemas más intensivos. Lo mismo pasa en otros sectores de la economía. La suba de los precios internacionales son una buena noticia para la inversión. Hay algunos proyectos grandes. La historia marca que los grandes procesos de inversión se dan cuando pasan dos cosas: cuando hay proyectos grandes, como ocurrió en 2012 y 2013, con los parques eólicos y la planta de Montes del Plata; y cuando el resto de la economía invierte de forma generalizada. Es importante que invierta la multinacional grande pero también la empresa local, la industria local y el pequeño productor o pyme. Esos son los procesos más sanos, diversos y amplios, que le dan sustento a la base de crecimiento. Hoy estamos teniendo una buena recuperación de la inversión, muy explicada por proyectos grandes, y esperamos que con este ciclo favorable de precios internacionales este proceso de inversión se pueda ampliar. Hay otros indicadores buenos también, el gobierno está haciendo uso de los beneficios fiscales a través de la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), tratando de utilizar distintas palancas para tratar de mejorar la rentabilidad de los proyectos de inversión, para que a los empresarios les cierre mejor la cuenta de la inversión, y eso ayude a que el proceso sea más amplio, que es lo más sano en términos de crecimiento.

 

Foto: CPA Ferrere.

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